Para mantener el control del juego, los árbitros deben tener un carácter fuerte que les permita conservar el ritmo de juego durante los 90 minutos, pero en Brasil un arbitro llevo esto a medidas extremas.
En un torneo regional de Belo Horizonte en Brasil, un jugador del Brumadinho agredió al árbitro luego de que este no expulsara a un jugador rival, algo totalmente rechazable en cualquier cancha del mundo. Lo inesperado fue que el arbitro en cuestión (Gabriel Murta), fue hasta el vestuario, sacó su arma personal y regreso al campo a amenazar al futbolista que lo había agredido,
En el terreno de juego de inmediato todos intentaron calmar al molesto arbitro y así evitar alguna tragedia, luego de algunas investigaciones se encontró que el hombre además de juez, es también policía, motivo por el cual llevaba consigo una pistola.
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